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R.Jodar - S.Mochizuki (13:50 aprox.)

Cuando Shintaro Mochizuki levantó el título de vencedor en Wimbledon Júnior 2019, el público nipón se relamía los dedos: habían encontrado al sucesor idóneo para Kei Nishikori.

 


Tan rápido de manos como su gran emblema, con esa aptitud casi innata a la escuela asiática de abrir la pista y comprenderla en todas sus dimensiones, en Shintaro había un brillo especial : también era capaz de subir a la red, de tirar de oportunismo y muñeca, de hacer cosas distintas al resto.

 El tenis moderno, sin embargo , castiga fuerte a aquellos perfiles de escasas revoluciones. Si la capacidad no está, hay que trabajarse el doble las vías para apoderarse puntos. De esta forma se fueron desvaneciendo las esperanzas de Shintaro de transitar al profesionalismo con la fuerza de su etapa juvenil, perdido ante perfiles de considerablemente más masa muscular, de golpes que hacían temblar la pista mientras él tiraba de resoluciones y recursos , muchas oportunidades , en balde.

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Con la capacidad de vencer a Carlos Alcaraz en unas Finales ITF Mundiales (en su etapa júnior, donde llegó a ser número uno del mundo ), la capacitación que recibió Mochizuki fue de primerísimo nivel. Medró en la Academia IMG, la de Nick Bollettieri (el mismo sitio en el que lo hiciera Nishikori, en otro enorme paralelismo), convencido de ser la nueva y reluciente promesa del tenis japonés: nombres como Max Mirnyi le equipararon desde muy pequeño con Fabrice Santoro, por su sensibilidad con la bola y su aptitud de aprovechar las cuatro esquinas de la pista.

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