Primero, algunos saludos. Entonces, un rato sentado en el piso mirando todo y nada al tiempo , con el rostro serio, pensando en ese instante particular lo que sólo él sabe qué. Después, Donald Trump lo saluda y le coloca la medalla de subcampeón. Y ahí sí, en el momento en que baja nuevamente al césped, las lágrimas y un ida y vuelta con los entusiastas argentinos que emociona. Pues ellos lo reverencian con un “Meeesiiii, Meeesiii, Meeesiii” desbordado de agradecimiento. Y sí, si bien hace un ratito se terminó de consumar una derrota mucho más que digna contra una España magnífica , Leo asimismo fue campeón …
Argentina y Messi ahora habían ganado su Copa del Mundo en esa semiFINAL para la memoria contra Inglaterra. Un partido colosal que la albiceleste remontó coronando un segundo tiempo épico, con fútbol, con corazón y con “La asistencia de Dios” que Leo le puso en la cabeza a Lautaro para vocear una victoria inolvidable.
Hasta ahí, Argentina y Messi se especializaron en regalar emociones intensas. Todo con ese genio de 39 años como bandera, primero chillando un gol tras otro y después manejando el aparato y las situaciones con sabiduría única. Todo con una selección albiceleste que dejó la piel y que en esas reacciones enternecedoras salió erosionando físicamente. Y ese desgaste, alto al extremo en la semifinal contra Inglaterra, acabó siendo letal en la final.
Hubo una Argentina que se percibió agotada , sin reacción para sublevarse frente ese fútbol para gozar de España. Hubo una Argentina que en ese marco advirtió a medida que se sumaban los minutos que solo había espacio para resistir. Y en ese juego de aguante, lejísimos del arco contrincante , el que mucho más sufrió fue Messi.
No obstante , después del encontronazo fenomenal de Ferran Torres, en el momento en que por el momento no había otra alternativa que atacar como sea, brotó Leo con sus últimas energías para generar alguna aventura ofensiva, algún centro, algún tiro de esquina de esos maliciosos, para asustar a España e insinuar que había chance de milagro y de penales… Pero no. En esta ocasión no.
Y sí, Leo. Esta vez no hubo milagro. Pero Messi no posee nada para reprocharse. A los 39, dio riña hasta el desenlace en un partido en el que no hubo desequilibrantes que asombren. Ni siquiera logró llevarlo a cabo con 20 años su heredero, Lamine Yamal, que acabó absorbido por la marca inigualable de Nicolás Tagliafico.
“Pensemos en jugar nomás. Calma …”, fue la arenga de Messi a sus compañeros a unos pasos de pisar el césped del MetLife. Ahí en ese mismo estadio hace diez años Leo también perdía una final, de Copa América, contra Chile. Y tras el partido afirmaba que ciclo en la selección había finalizado.
Menos mal que entonces cambió de opinión. Messi prosiguió dando el ejemplo que siempre y en todo momento hay que opinar y terminó siendo el capitán de la Selección Argentina mucho más grande todos y cada uno de los tiempos. Un aparato que identificó y agrupó a un país lleno de grietas de todo género.
La Selección de Messi ganó una Copa del Planeta , 2 Copa América, una Finalissima y fue de nuevo subcampeona del mundo ganándole una semifinal inolvidable a Inglaterra. Leo no se rindió. Se levantó, prosiguió y terminó siendo más grande que Diego. Por eso mismo , antes de jugar esta final, Messi y Argentina ahora habían ganado. Esas lágrimas del diez no eran lágrimas de perdedor. Eran lágrimas de un vencedor que había caído en una final. Esperemos no haya sido el último baile.


