Había una selección a la que varios señalaban como la gran favorita. La que llegaba con Mbappé liberado, 16 goles, un ataque de vértigo y la experiencia de quien parecía haber convertido las semifinales del Mundial en una rutina. Pero el fútbol tiene esa práctica tan poco democrática de ignorar las etiquetas cuando el balón echa a rodar. España no solo eliminó a Francia.
La desarmó, le apagó la pólvora y acabó escuchando de qué manera Dallas se llenaba de olés mientras el técnico descontaba los últimos segundos. Dieciséis años tras levantar el mundo en Johannesburgo, la Roja vuelve a citarse con la historia. Nueva Jersey espera. La segunda estrella por el momento no es un sueño lejano: está a noventa minutos.
No fue una victoria cualquiera. Fue una demostración de personalidad frente al contrincante que mejor había competido durante todo el torneo. Francia salió a intimidar, a marcar territorio con presión, entradas al máximo y Mbappé enseñando los colmillos desde el primer minuto.
Los de Luis de la Fuente respondieron como hacen los equipos enormes: sin perder la tranquilidad. Digne favoreció un penalti sobre Lamine Yamal que transformó un imperturbable Oyarzabal. Pedro Canuto firmó después el segundo tras una hermosa jugada de las que se recuerdan durante años.
Hasta entonces, Rodri rigió, Fabián volvió a dar una lección, Cubarsí jugó con la tranquilidad de un veterano y Unai Simón apareció toda vez que Francia creyó conseguir una rendija. La selección de Luis de la Fuente jugará la segunda final mundialista de su historia. Y absolutamente nadie puede decir que llegó hasta allí por casualidad.
Francia salió con una presión asfixiante que rozó el límite desde el primer minuto. Rabiot vio la amarilla prontísimo por una dura entrada sobre Dani Olmo y Olise asimismo escapó del castigo tras otro pisotón sobre Rodri. Los de Deschamps deseaban imponer músculo antes que fútbol, mientras Mbappé buscaba todo el tiempo la espalda de la defensa de españa.
Cubarsí firmó una intervención providencial para eludir un disparo del capitán francés en el momento en que Unai Simón se encontraba fuera de situación y poco a poco la Roja fue encontrando oxígeno con el balón. Rodri y Fabián empezaron a gobernar el centro del campo y Lamine Yamal encontró el punto débil de la defensa francesa.
En el minuto 19 llegó la acción que cambió el partido.
El extremo español se adelantó con sabiduría a Digne en el área y el del costado francés acabó derribándolo. Penalti claro. Mientras que Mbappé protestaba sin éxito, Oyarzabal caminó hacia los once metros con una calma impropia del escenario. Si bien Maignan adivinó el lado, el zurdazo del delantero fue imparable.
El tanto no cambió el plan de España. A la inversa. La selección sostuvo la cabeza fría, algo que costó mucho más tras anticiparse en frente de Bélgica. Aun ha podido ampliar el beneficio antes del reposo con una extraordinaria combinación al primer toque culminada por Lamine y un remate de Fabián que podía haberle complicado la vida a Upamecano.
Francia también perdió por lesión a Saliba antes de la media hora. Otro contratiempo para un aparato cada vez más incómodo sobre el césped.
La segunda parte comenzó con Francia intentando aumentar el ritmo, si bien sin encontrar apenas fisuras en el entramado defensivo español. Mbappé seguía mostrándose mucho más para debatir con Iván Barton que para producir verdadero riesgo, mientras que Rodri y Fabián proseguían manejando el partido con una autoridad absoluta.
Pedro Porro, impecable durante toda la noche tanto en defensa como en ataque, inició una pared deliciosa con Dani Olmo, atacó el espacio y definió con una sangre fría extraordinaria ante Maignan para firmar un 0-2 que ya pertenece a la historia reciente de la selección.
Apenas dos minutos después, Lamine Yamal creyó sentenciar definitivamente la semifinal con un golazo tras dejar atrás a Digne, pero el fuera de juego apagó el grito de celebración español.
Los galos siguieron intentándolo. Deschamps agitó el banquillo, ingresó a Doué, Cherki y Theo Hernández y volcó a su equipo sobre el área española. Mbappé halló al fin algo de espacio, pero cada intento chocó contra una defensa que jugó uno de sus partidos más terminados del campeonato.
Unai Simón respondió con seguridad a un centrochut del propio Mbappé, blocó un disparo de Dembélé en el descuento y apareció también para corregir un fallo propio ante Doué. Cuando el capitán francés parecía conseguir el gol, apareció Cucurella con un corte salvador que resumió el compromiso colectivo de toda la selección.
España terminó incluso escuchando los olés desde la grada mientras que el reloj consumía los últimos momentos de partido. Un desenlace ambicioso antes del torneo frente a la selección que llegaba como enorme favorita y aspiraba a disputar su tercera final mundialista consecutiva.
Luis de la Fuente amplió además de esto su extraordinaria racha en grandes campeonatos: 25 partidos invicto entre el Mundial y la Eurocopa, un apunte que se consolida exactamente el día en que enfrente se encontraba Didier Deschamps, transformado en el seleccionador con mucho más partidos dirigidos en la narración de los Mundiales (26).


