Campeones del Mundo. Segunda estrella a la derecha y todo recto, con prórroga incluida y bastante sufrimiento , hasta el amanecer. Realizando suyas las instrucciones de Peter Pan para llegar al paraíso de Nunca Nunca , la selección de Luis de la Fuente alcanzó la gloria sobre el césped del MetLife Stadium. España ganó a Argentina (1-0) en un choque de infarto.
Infinito trabajo , solidaridad y nervios de acero fueron los elementos precisos para, dieciséis años después, levantarse con la Copa del Planeta y brindar un final que ni el mismísimo Walt Disney. Un broche de cuento, que rubricó Ferrán en el 106. Un gol con el que todo un país volvió a abrazar al fútbol como esa herramienta mágica y justa que hace vivir cada pase y cada balón servido al hueco con la ilusión de un niño. España es campeona de todo el mundo y ni el garfio afilado de los argentinos ni el talento de Leo Messi lograron eludir el conjuro planetario de un conjunto para la historia.
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Una alineación de memoria para una final nueva. Con exactamente los mismos once que se abrieron camino hasta el impresionante MetLife Stadium se la jugó De la Fuente en frente de un Scaloni que, aparte de la de De Paul, ingresó dos permutas más —Montiel y Nico González— en su iniciativa de gala.
El partido de partidos lo alfombró el espectáculo, con mayoría de camisetas albicelestes tiñendo la grada. Frente a la pompa y el boato, el anhelo de que el desparpajo de fútbol de patio de los Olmo, Lamine y compañía lo eclipsase todo. ¿Y por qué razón no? Rodó el balón, con pertenencias largas, persecución de sombras a ambos lados y caos liberado con una pared magistral (levantada precisamente por Olmo y Lamine) que se quedó en tentativa para España y la réplica con Unai cortando el paso a Leo Messi.
La sequedad del terreno de juego ralentizaba un espectáculo al que le echó leña Mac Allister con una dura entrada sobre Olmo. Lamine, autor de la ocasión más clara del partido, se fabricó una cabriola para la esperanza y, poco después, Canuto le negó a Nico González una incursión de las que ponen los pelos como escarpias. Cosa de finales.
Se hidrataron los protagonistas y, de paso, también el césped en la primera pausa del desafío. Tocó Cubarsí con Unai en la reanudación, se frenó el esférico gracias a la humedad y contuvo el aliento un país. El susto no fue a más. Con Argentina bien plantada, se afanaba España en moverla de lado a lado para modificar el tablero. Solo diez minutos para el reposo y Cucurella animándose con un autopase de espuela que le chafó Cachete Montiel. Y, en otra de esas jugadas de kilos de paciencia, acertó Oyarzabal a evaluar al Dibu. Parada y a seguir. Una ocasión mucho más , ahora al borde del descanso , se apuntó Cucurella justo antes de que la maldición de las lesiones de los rivales de España emergiese en forma de afecciones para Lisandro Martínez.
Ingresó Otamendi y, frente a la adversidad, asomó la Albiceleste por los dominios de Unai. Hubo tiempo todavía para un tango Messi-Oyarzabal que se saldó con falta favorable a la Pulga y, sin más ni más sobresaltos, la final llegó al reposo. Tablas.
Las mariposas revolotearon en un asueto eterno y un derroche infinito de estrellas, pero a dios gracias el fútbol siempre y en todo momento vuelve. Movió ficha Scaloni con la entrada de Paredes y avisó Baena con un disparo que le capturó el Dibu. Cargó Paredes a Rodri, prendió la mecha del conato de tangana y se trabó —para desesperación de la Roja— todavía más la cosa. Deseó zanjar Olmo dando el pase de la desaparición a Cucurella, pero repelió el frontón argentino y, con la hora cumplida, Ferran y Pedri estrenaron el desfile de cambios.
Un disparo más , que acuñó Olmo desde la de adelante. Se resistía horrores el premio de la diana a una España volcada en un mar de casis. Cabeceó Ferran. Nada. Tiró Pedri y se cansó Cubarsí de tanto rozar el tanto, que la armó el zaguero. Zapatazo y una parada mucho más para el Dibu. Los dedos de las dos manos ya no alcanzaban para enumerar la tormenta eléctrica de ocasiones made in España. La expulsión de Enzo por doble amarilla era un resquicio para las últimas líneas del partidazo. Última falta, que ajustó Lamine, voló el Dibu y el partido se marchó indudablemente a la prórroga.
Tampoco permitió el colegiado la jarana tras un remate franco de Nico Williams en el 96. Gol anulado. La falta de explicaciones fundió a Rodri y a Laporte y les tocó debutar a Zubimendi y Eric en toda una final. Tocó debut para Zubimendi y Eric en toda una final donde Argentina agotó su arsenal de chispas.
Justicia poética. Fue Ferran el que, en modo bíblico, abrió el mar de casis tras una prolongación de Nico para lograr el gol. El gol de toda España. El de la segunda estrella. La selección de Luis de la Fuente, más allá de los intentos de evitarlo comandados por Messi y unos cuantos instantes del pavor , suma su partido a la lista de incunables del fútbol patrio. El del monólogo sufrido y con el final mucho más feliz. España reina en el firmamento del fútbol.


