Justo después de marcar un buen gol desde fuera del área, Vinicius no sonrió. No tenía ganas y, mientras era felicitado por sus compañeros, levantó los brazos, como pidiendo perdón, y después, por si no había quedado suficientemente claro, juntó las palmas de las manos en un ademán que no dejaba ya ninguna duda de que pedía perdón. Por la eliminación del Bayern, por su partido, por sus últimas temporadas, con lo que logró contra el Barcelona o por todo.










