La ruta Mendizorroza-Coliseum apenas tiene tráfico. Solo 17 players han vestido tanto la remera del Alavés como la del Getafe. Un grupo que es aún más achicado (8) si hablamos de un viaje directo, sin haber militado en otros equipos entre medias.
En esta última lista están Aleñá y Abqar. Pero el fichaje de ambos adquiere una particularidad aún mayor. Ambos se realizaron en la pasada ventana estival, en un transcurso de apenas cinco días y en direcciones opuestas. Se podría llegar a pensar aun que se intercambiaron los equipajes de sus nuevos equipos en la estación de Lerma antes de reemprender la marcha. Ahora bien , los paralelismos terminan ahí. Las razones que les empujaron a cambiar de aires nada tienen relación.
El centrocampista de Mataró vive su segunda etapa en Vitoria, tras la cesión de media temporada en el curso pasado. Bajo el mando de Coudet se transformó en una parte primordial en esa pelea por la salvación que el equipo selló en Valladolid. Un triunfo colectivo, pero también personal. Aleñá volvió a sonreír en Vitoria, a disfrutar con el balón. Razones que comentan que en verano, frente al interés del Alavés por hacerse con sus servicios, apretase para desbloquear la operación.
La remera albiazul le hizo borrar de su cabeza esos pensamientos que le empujaban a estimar colgar las botas. «Se puso en contacto conmigo a través de un familiar. Sentía que en el nuevo equipo su juego no valía y se culpó por la decisión tomada», apuntó a este periódico Víctor Amat, su psicólogo. La relación que tenía José Bordalás, con el que se reencontrará hoy , tampoco facilitó su adaptación a un aparato en el que no se sentía cómodo. Una percepción radicalmente opuesta a la que halló en Vitoria. «Me fui con la sensación de que tenía que volver », confesó nuestro Aleñá en el día de su presentación.
Cinco días después de la puesta de largo de Aleñá fue el turno de Abqar, que llegó libre al Getafe. Las negociaciones para renovar al defensa marroquí no llegaron a un convenio y tras cinco temporadas –tres en el primer equipo – abandonó la entidad alavesista a la que llegó con 21 años. «Hoy me toca despedirme del club, de su gente y de una ciudad que siempre y en todo momento llevaré conmigo», apuntó en una carta de despedida.
Al zaguero le invadirá el día de hoy una sensación extraña. Va a ser la primera oportunidad que defienda los colores visitantes en el templo albiazul. «Sentir tu acompañamiento en Mendizorroza y fuera de casa fué algo que nunca olvidaré ». Pero por su parte va a sentir que se quita una suerte de espina que tiene aún clavada. Una rotura en el isquiotibial de su pierna derecha le dejó sin jugar en el tramo final de la pasada temporada.


