Osasuna vivió una victoria increíble y también imprevisible en Balaídos pues , tras un primer tiempo calamitoso , en el que no se vislumbraba solución al atasco de los rojillos, inútiles de hacer riesgo , a pesar del gol en contra obra de Aspas a los catorce minutos, los hechos modificaron la cara del encuentro de manera radical tras la reanudación. La expulsión de Marcos Alonso, a los cinco minutos del reposo , ensancharon los caminos y las intenciones de Osasuna, que fue otro.
El gol de Kike Barja, cinco minutos tras la roja al defensa local, definitivamente le dio otra marcha al equipo de Ramis. El técnico operó en la alineación y afiló los cuchillos con los cambios, que ofrecieron una formación con mucho más vuelos en el ataque , con menos cautelas. El torpe penalti de Javi Gallardo , acudiendo en el área con las manos como parapeto ante un lanzamiento de Budimir, permitieron al croata firmar el empate antes de que se cumplieran los veinte minutos de la segunda mitad. Fue una remontada rapidísima y un cambio de ámbito impensable unos momentos antes.

Si Osasuna se marchaba al descanso perdiendo pero sin padecer ante su rival , en la segunda parte se repitió el tono de la pugna, pero con un cambio de papeles. Con la victoria en su mochila, los rojillos no padecieron porque no concedieron oportunidades de gol. Esa una parte del guion, la del rigor defensivo, nunca cambió. Si Ramis mudó el rostro de su equipo cuando deseó buscar la victoria, también supo jugar con el marcador en contra y que sus hombres trabajaran con solidaridad y acierto alrededor de su área. El Osasuna del año vigente apunta a que desea ser un equipo agarrado a los partidos hasta el final. Las circunstancias en Balaídos ayudaron a que saliesen los planes.
Fue un acercamiento peculiar y tortuoso, de los que llevan al espectador al cambio de humor con facilidad. Osasuna hizo una mala primera mitad donde su planteo precavido, algo que viene en la propuesta del nuevo entrenador, transitó a partir del gol en contra a la de un grupo apocado y sin elementos con el paso de los minutos hasta el descanso. Si tenía que ver con mantenerse en el marcador para crecer después con esto , todo se fue abajo con el tanto de Iago Aspas. No fue la mejor acción para ensalzar el equilibrio y el orden del grupo , ya que hubo una pérdida absurda en el centro del campo por la parte de Torró y, después, una falta de contundencia llamativa para aceptar la llegada del delantero local hasta posiciones de remate frente defensas rojillos bastante contemplativos.
Osasuna recibió un golpe del que no se recuperó en ese acto. No padeció con el Celta, siempre cómodo en ataque y defensa, pero es que los hombres de Ramis no se estiraron ni con fe ni con ciencia. Algunas intentonas desde lejos, de Abel Bretones y Kike Barja, y un par de barullos en torno al meta local, impreciso en un par de salidas, fueron su bagaje ofensivo. Nada identificable como interesante para un acercamiento con intenciones y aspiraciones.
Osasuna, que salió a divertirse con cinco defensas y bastante personal en el centro del campo, expuso cambio de pretenciones con la inclusión de Iker Muñoz por Moncayola en el reposo. Mucho más gobierno de la pelota para producir juego. El Celta, elegante pero sin colmillo, salió desparramando con la acumulación de accidentes. La patada de Marcos Alonso a Iker Muñoz la descubrió el VAR como merecedora de la tarjeta roja, y aunque intentó Giraldez que los suyos no perdieran el tono defensivo -quitó a Aspas, que es un alivio, para colar a un zaguero-, las cosas no salieron. Kike Barja acabó en el área un centro de Dubasin peinado por Raúl García. Rubén García y Budimir entraron en la campo por el hecho de que Osasuna quería buscar otra cosa.
El penalti de Javi Gallardo fue la exhibe de la desesperación de la zaga ante la acumulación de osasunistas en el área intentando encontrar el remate. Budimir no falló y el partido, aunque quedaba mucho más de media hora por delante , se terminó. Osasuna supo defenderse y el Celta fue un invitado atareado pero sin dinamita.


