Momentos después de consumarse la derrota del Armamento en la enorme final europea de Budapest, en mayo pasado, el Chelsea lanzó en sus redes sociales una publicación hiriente, para remarcar su rivalidad.
Los ‘blues’ del suroeste de Londres no tardaron en recordarle a sus odiados oponentes de Islington, en el norte, su mayor y excelente palmarés en Europa, e incluso comunicar una visita dirigida a Stamford Bridge, a la que denominó ‘London’s home of trophies” (‘la cuna de los trofeos de Londres’).
La publicación incluía imágenes de sus 2 trofeos de la Champions League y del Mundial de Clubs, junto con la pancarta ‘Pride of London’ (‘Orgullo de Londres’) que adorna siempre y en todo momento las gradas de su estadio. De esta forma exhiben su enemistad Armamento y Chelsea, cuyos ‘derbys’ en la ciudad tienen capítulos controvertidos y muy intensos.
El domingo se vuelven a conocer las caras en el Emirates. Y lo hacen bajo otra polémica reciente, el fichaje de los ‘blues’ de la estrella del Aston Villa, Morgan Rogers (24 años), por 117 millones de libras, a quien el Arsenal había perseguido a lo largo de todo el verano. Rogers finalmente , frente a la presión de los ‘blues’, prefirió unirse al Chelsea para estar al lado de su amigo Cole Palmer y formar una sociedad atacante dañina , que hoy es además la esperanza del aparato que en este momento adiestra Xabi Alonso para regresar a pelear por los títulos. La herida que provocó Rogers es una mucho más en el inventario de diferencias y desencuentros entre 2 de los enormes clubs de Londres, y seguramente será motivo de cánticos por la parte de la afición ‘blue’ en las gradas del Emirates Stadium.
La rivalidad entre Arsenal y Chelsea se encuentra dentro de las mucho más complejas de Inglaterra. Es un ‘derby’ alimentado, más que nada , desde los años 90 por las diferencias de estatus y estilo, la predominación de las clases sociales distintas que les apoyan y, más que nada , por la importante hegemonía en la capital inglesa. Los ‘gunners’ representan el establishment del fútbol inglés. Históricamente unidos a las clases medias y trabajadoras del norte de la ciudad , presumen de su propia prioridad por la estética y el buen fútbol, y por su mayor legado en la historia de la liga inglesa. Tienen una mentalidad muy exigente con el estilo de juego (herencia de la era con Arsène Wenger) y una visión romántica – ‘how football should be played’—sobre de qué manera debe jugarse al fútbol. En el Emirates, y antes en Highbury, siempre y en todo momento se vió a sus oponentes del Chelsea como nuevos ricos arribistas, reputación que se afianzó aún más en el momento en que Roman Abramovich llegó en el 2003 con su fortuna y despilfarro en la adquisición de players.
La afición del Chelsea ha adoptado bien esa imagen de glamur, ostentación y dinero. Ubicados en entre los barrios mucho más acomodados del oeste de Londres, entre Hammersmith y Fulham, fueron apodados en los 60 como el club de la ‘Swinging London’, la modernidad joven y rica de la cultura pop de Kings Road. Sus seguidores presumen de ese estatus de riqueza, desde la compra de Abramovich, que luego dejó paso a BlueCo, los presentes propietarios estadounidenses, con Todd Boehly y Behdad Eghbaly. La diferencia entre los 2 clubs, en ámbas últimas décadas, la han marcado los títulos de Champions de los ‘blues’ (2012 y 2021) y el Mundial de clubs (2022), de los que presumen frente a sus oponentes norlondinenses.
David Raya, héroe del Arsenal y el mejor jugador del derbi contra el Chelsea (AP Photo/Alastair Grant)
Entre los duelos entre Arsenal y Chelsea de la temporada pasadaAlastair Grant
Los seguidores del Chelsea son desafiantes y pragmáticos. Gozan siendo odiados a los ojos del resto de clubs y priorizan ganar trofeos a cualquier coste, sobre el estilo de juego. A eso se encara Xabi Alonso, que será muy querido solo si el club vence. El Armamento puede haber celebrado 14 títulos de liga y 14 FA Cups, haber puesto fin, con Mikel Arteta a 22 años de espera para ganar la Premier League, pero prosigue sin coronarse en Europa, que es su enorme asignatura pendiente. En cambio, el Chelsea, ganador en Europa, no gana la liga ya hace nueve años, de ahí que su rivalidad con los ‘gunners’ contraste tanto y sea tan singular.
Se recuerdan siempre y en todo momento las chispas de sus últimas temporadas , en especial con Wenger y Mourinho en sus banquillos. Una de ellas saltó en el 2014, prendiendo ‘fuego’ en el contexto de unas afirmaciones del portugués, en su segunda etapa en el oeste de Londres. ‘Wenger is a specialist in failure’ (‘es un experto en descalabros ’), le terminó soltando Mourinho, a lo que el técnico alsaciano del Arsenal le replicó mordazmente: “Está desubicado, desconectado de la verdad y es un irrespetuoso. En el momento en que le das éxito a la multitud imbécil , a veces se regresa mucho más tonta , no mucho más capaz. Tengo vergüenza ajena por él y me abochorna por el Chelsea”. La enemistad personal entre los dos técnicos alcanzó su punto de ebullición ese año cuando Wenger le propinó un empujón al portugués en la banda, una imagen insólita entre 2 profesionales de élite. No se espera que Mikel Arteta y Xabi Alonso, dos entrenadores vascos y además amigos de la infancia , lleven tan lejos sus enfrentamientos directos, alén de una rivalidad que va a vivir el domingo su primer capítulo entre ellos, en el norte de Londres.
El fichaje del en todo el mundo inglés Morgan Rogers por parte del Chelsea, arrebatándoselo al Arsenal , es el envoltorio del partido, puesto que ha dolido a los ‘gunners’, como antes sucedió en los cambios de club de Cole, Fàbregas, Van Persie, Cech, David Luiz o Havertz, movimientos que sostuvieron la llama del ‘derby’ muy viva. Las tensiones se viven en el césped y la grada: un choque de estilos con partidos intensos, cantos cruzados permanentes sobre el estatus financiero, y las figuras que, como Morgan Rogers, han elegido al Chelsea. Con Rogers, al lado de Cole Palmer y Joao Pedro, los ‘blues’ han formado de los mejores asaltos de la Premier League. Esa reforzada delantera del Chelsea se encara ahora por el liderato de la Premier a la defensa mucho más firme y eficiente de la liga inglesa, levantando otra vez un potente letrero de rivalidad y animadversión.


