Entre las jornadas de mejor diseño de esta edición esconde un ascenso de entidad nunca antes puesto a uso en la historia de la carrera… y no será final en alto. Salimos de Alcossebre y ponemos rumbo a Castellón en un trazado equivalente a 177.4 km.
Son 3000 metros de desnivel juntado en cuatro dificultades categorizadas. Sólo profundizaremos en la más importante de ellas, pero antes vamos a dejar los datos en general de sus afines , que por la dureza de la reina de todas , no van a cobrar relevancia en el avance.
La Serratella (2°) (14 km al 38%). Cima a 132.8 km.
Coll de La Bandereta (3°) (4.6 km al 67%). Cima a 111.3 km.
Alto del Desierto de las Palmas (2°) (7.6 km al 49%). Cima a 48.9 km.
Engañamos en algo, el penúltimo ascenso, el del Desierto de las Palmas, hace parte de nuestro plato primordial. En el primer paso se hace un desvío con apariencia de retorno a Benicàssim, que luego conduce por la misma ruta hacia dicho parque natural y una vez se regresa a la “cima” anterior se prosigue de largo por un destapado que transporta hasta el punto más prominente de la trepada.
Ahora sí, bienvenidos al Puerto El Bartolo (1°).
9.4 km al 7%, algo que de entrada no suena intimidante. La pendiente media se altera por el hecho de que en su mayoría contiene las rampas de Las Palmas, pero una vez se entra al sterrato, empiezan los estragos.
Nos chocamos con 2000 metros al 12%, que en determinados tramos, se elevan hasta el 19%, ¡cuesta de cabra! La inercia hace lo suyo , pero se anexa la complicación propia de la tierra, que obliga a configurar levemente el material (tubulares anchos, menor presión en las ruedas) y siempre y en todo momento deja en el aire el peligro a algún pinchazo.
La agonía se prolonga por 1400 metros auxiliares , que si bien suavizan, no dan margen a una restauración total, además si tiene en cuenta que la rampa final es del 14%. Cima a 20 km del final.
Bajada técnica de 11 km que al culminar desvía a derecha con un plano que transporta al corazón de Castelló, que va a recibir a la prueba con una llegada urbana de cinco rotondas , cuatro giros pronunciados y un par de semicurvas.
Vamos a equilibrar la balanza entre fuga y lote: 50/50. El avance está condicionado por El Bartolo, lo que supone que en la transición el control no va a ser tan riguroso -salvo que un general importante filtre a un corredor satélite- y con las cotas de dureza media, un grupo bien compuesto puede trabajar una renta aceptable.
El inconveniente reside en que la brutalidad de la parte final del ascenso principal , con un Pogacar a tope , hace que cualquier renta habitual se antoje deficiente para quien desee ganar la etapa. seguramente la diferencia no vaya alén de los 5’, los que se verán reducidos por la aproximación a la subida y posterior pugna entre favoritos con un motor especial exprimiéndose al límite.
El cuestacabrismo propio de la cita va a hacer ofensivo a Tadej por sí mismo , lo que deja el guion habitual : el esloveno peleando contra la historia y los demás dependiendo del tren de vatios para comprender quién es preferible.


